¿Amor o idealización?

Hemos querido contraponer el concepto de amor al de idealización, porque nos parece muy propio de San Valentín, donde parece que si no tienes pareja te la tienes que inventar,  si la tienes y no te va bien parece que te tienes que alegrar, porque tener una mala relación de pareja es mejor que no tener relación,  y porque debajo de muchas relaciones insanas hay una confusión con estos dos conceptos.

¿Qué es el amor? El amor es un sentimiento profundo de aceptación, respeto, admiración, cariño, alegría, y en definitiva, de atracción en el sentido más amplio de la palabra hacia una persona.  Querer, significa eso, querer que una persona esté en nuestra vida, que forme parte de la nuestra y formar nosotras parte de la suya.

¿Qué es la idealización? Según la R.A.E. es el resultado de elevar las cosas sobre la realidad sensible por medio de la inteligencia o la fantasía.  O dicho de otra manera, es “mejorar” lo real con nuestra fantasía.

Amor-o-idealización

La idealización forma parte del enamoramiento, que en nuestra cultura actual es la base de las relaciones sentimentales.  Además de ponernos taquicárdicas solo con ver a nuestra persona especial, de querer estar todo el tiempo posible con el/ella, de que nuestras prioridades hayan volado por los aires y ahora sean otras, de que solo nos fijemos en lo que tenemos en común, etc…  Idealizamos a la otra persona.  Es decir, la vemos como la queremos ver. Cuando conocemos a alguien que reúne una serie de características deseables para nosotras como pareja y por la que nos sentimos atraídas, le atribuímos un montón más de carácterísticas que el muchacho o la muchacha en cuestión puede tener o no y en un grado variable.

Todos los anhelos de pareja, (que son especialmente alimentados en las mujeres) son volcados en esta persona que estamos conociendo, y le atribuímos  cualidades que para nosotras son deseables en una persona que vaya a ser nuestra pareja (como tiene la patita azul, seguro que es el Príncipe).

En otro momento hablaremos de los mitos del amor romántico, entre ellos, el del amor verdadero predestinado y el de la entrega total, ambos relacionados con un supuesto Príncipe Azul  que no existe (os lo adelantamos ya).

El caso es que idealizamos a quien tenemos al lado y, así, establecemos un vínculo emocional con la otra persona, basado en el afecto, en la pasión y en unas expectativas sobre “el otro”, nosotras y la relación.

Pasado un tiempo (que varía para cada persona y para cada relación), esta idealización termina chocando con la realidad, algunas expectativas no se cumplen  y aparecen tensiones en la relación.  Se nos cae la venda de los ojos y empezamos a ver a la otra persona como realmente es.  Este suele ser un momento de crisis en la relación, porque es el momento de decidir si lo que veo, es decir, a la persona real  que mi pareja es (no a la idealizada), me vale o no me vale como compañero/a.  Si esa persona, con sus cosas buenas y sus no-tan-buenas, no nos vale, lo dejaremos en este punto y cada uno/a por su camino. Si nos vale, continuaremos la relación. Es la transición al amor, tal y como lo hemos definido al comienzo, ajustamos nuestras expectativas y profundizamos en una relación con la que nos sentiremos satisfechas y a gusto, la mayoría del tiempo.

Pero ¿Y cuándo no ocurre así?. Algunos mitos de los que hemos mencionado antes nos hacen creer que “el amor todo lo puede”, que esa persona está predestinada para nosotras y estamos “condenadas” a un final feliz, de manera que si mi Paco/Paca no es como a mí me gustaría que fuese, ¡lo será!. ¿Qué ocurre entonces? Que no vemos a la otra persona de manera realista, minimizamos sus defectos o los negamos (aunque los vemos),  pero los ignoramos.  Nos aferramos a nuestro ideal de Paco/Paca,  a su azul reluciente,  y seguimos adelante con la relación. Una relación que por otra parte no nos suele proporcionar las emociones positivas que buscábamos en una relación. Lo que nos aporta esas emociones positivas son nuestras ensoñaciones y fantasías con el Paco ideal.  De manera que “alimentamos” el vínculo con Paco,  y pensamos que le queremos, pero a quien queremos de verdad es a nuestra idealización de Paco, por lo que generamos un vínculo ambivalente hacia esa persona. No nos hace bien estar con ella, pero “la queremos” y eso nos impulsa a continuar la relación.

Este mecanismo explica por qué algunas personas en algún momento han mantenido o mantienen relaciones sentimentales con personas que no les convienen o les dañan, relaciones de dependencia emocional, enganche, o violencia psicológica o física.

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes de que en una relación hay idealización y no amor?

  • ¿Tu relación de pareja te hace sentir bienestar y tranquilidad la mayor parte del tiempo? Sentirse bien, es un sintoma de amor en la relación. Por el contrario sentir ansiedad, angustia, frustración, inseguridad, inestabilidad con frecuencia, ocurre cuando idealizamos a la persona y/o a la relación que mantenemos.
  • Observa tu “amor” cuando estás con tu pareja y cuándo no estás con ella. ¿Cuándo le “quieres” más o te sientes más unida a él/ella? ¿Cuando está presente físicamente o cuando piensas/fantaseas en vuestros encuentros?. Las fantasías e idealizaciones románticas son asequibles cuando la otra persona no está presente físicamente.  Si estás “más enamorada” cuando la otra persona no está, y sin embargo cuando estáis juntos sientes frustración, decepción, dolor, tristeza, ansiedad o enfado, muy probablemente estás idealizando.

Si queréis compartir vuestras experiencias al respecto  podéis dejarnos un comentario.  Nos gustará leeros!

 

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