Cuando en nuestra infancia no hemos recibido amor incondicional, hemos aprendido que con ser nosotras, no es suficiente para que nos quieran y que tenemos que hacer algo más… ser buenas, ser complacientes, ser comprensivas, no hacer cosas que puedan doler a otras personas, que les pueda enfadar, etc. Si a esto le sumamos el haber nacido mujeres en una sociedad machista, que no valora a las mujeres (a no ser que se adapten a las necesidades de los hombres), llueve sobre mojado para muchas de nosotras.

El aprendizaje que se hizo en ese caso es que para caber en el amor que nos dieron, teníamos que dejar fuera muchas cosas de nosotras que no brillaban tanto y que nuestr@s progenitores no validaron. Es decir, dejar de ser para ser queribles. Y por ahí no es…

El trabajo a hacer ahora de adultas sería estirar el amor para que cubra cada vez más partes de nosotras. 

Lo mismo ocurre con la sociedad: una sociedad en la que el amor, la admiración y la validación la reciben influencers, modelos e instagramers, y en la que mucha gente (la mayoría) se queda en los márgenes, en lo poco valioso y deseado, en lo no querible. Una sociedad con un amor más corto y más pequeño cada vez. 

Así que la revolución sería estirar el amor. 

Estirar el amor que nos tenemos, en lugar de mutilarnos y dejar fuera partes de nosotras.

Estirar el amor que damos, y querer a otras personas aunque piensen o sean diferentes de nosotras.

Estirar el amor para crear redes y lazos cada vez más incluyentes y amplios es una revolución para nosotras y también para la sociedad que nos quiere mutiladas y divididas. 

Manejo inadecuado del estrés en mujeres

Sentimos estrés cuando las demandas del entorno superan a nuestros recursos, por ejemplo: muchas tareas y poco tiempo para hacerlas.

El estrés es inevitable en la medida en la que hay situaciones en la vida en la que se juntan varias cosas y no ocurren al ritmo al que nos gustaría. Y ahí viene el estrés a ayudarnos, acelerando nuestro organismo para maximizar los recursos, organizar las prioridades y al final sacar adelante esa situación excepcional.

Pero ¿qué ocurre cuando el estrés forma parte de nuestra vida habitual? Aparte de que terminamos agotadas, y dejando de disfrutar de las cosas, ocurren más cosas.

Habitualmente las mujeres, ante una situación de estrés, en esa ecuación (muchas demandas vs mis recursos) miramos al lado que no es. Es decir, lo interpretamos como una falta o carencia de recursos nuestras y como que no estamos haciendo las cosas suficientemente bien en lugar de pensar que el problema esté en el otro lado: el alto número de demandas (incluída la autoexigencia) a las que hacemos frente.

Las responsabilidades de las mujeres son infinitas, en la medida en que normalmente el cuidado y bienestar de otras personas recae casi exclusivamente en nuestras espaldas. Siempre estamos disponibles para otras personas y para lo que puedan requerir de nosotras. Y eso, a menudo, nos hace sentir estrés, cuando esos requerimientos chocan con nuestras propias necesidades o nuestras prioridades.

Es importante entender que tenemos derecho a establecer nuestras prioridades y a que las necesidades de otras personas no lo sean.

Es importante entender que no podemos llegar a todo.

Es importante entender que es injusto cargar el mundo entero y su bienestar en nuestras espaldas

Es importante entender que tratarnos así es maltratarnos y no querernos bien, tanto si son otras personas las que lo hacen como si somos nosotras mismas las que nos sometemos a esa presión

Es importante entender que las relaciones humanas son para disfrutarlas, para compartirlas y para que haya un cuidado mútuo. Un cuidado que empieza por cuidar nuestro propio espacio y bienestar dentro de ellas, porque si no, no serán sostenibles en el tiempo.

Es importante entender que lo más importante para tu felicidad eres tú y que tienes derecho a las dos cosas: a la felicidad y a ser la persona más importante de tu vida. Trátate como tal.

¿Por qué una huelga feminista? Porque las mujeres estamos discriminadas y nuestras vidas, salud, trabajo, etc valen menos que las de los hombres hoy en día. Nuestras vidas no se valoran, nuestro trabajo no se valora, nuestras ideas no se valoran, etc. Y somos más de la mitad de la población del planeta, por eso queremos la mitad de todo, como dice Amelia Valcárcel.

Por eso hacemos huelga de cuidados, de consumo, estudiantil y laboral. El 8M no cuidamos (que se ocupen otros), no consumimos y no trabajamos porque a las mujeres se nos paga menos por el hecho de ser mujeres y nuestro trabajo (tanto el productivo como el reproductivo) no se valoran.

¿Es una huelga solo de mujeres? Sí y no. Se trata de visibilizar el papel de las mujeres en la sociedad por eso el paro es sólo para mujeres, pero cualquier persona feminista puede contribuir. Si eres hombre ve a trabajar (y llega cuando puedas porque te has encargado tú de llevar a l@s niñ@s al cole y de recogerles), haz el trabajo de tus compañeras para que ellas puedan hacer huelga, encárgate de ir a la compra y hacer lo que las mujeres de tu vida hacen habitualmente para que ellas puedan hacer e ir a  la huelga. Nosotras hacemos huelga y ellos son los servicios mínimos del mundo.

Las artistas de Arte Muhé han hecho esta fantástica canción explicando los motivos:

Nuevos propósitos

Todo el mundo sabe que el año en realidad empieza en septiembre. Después de las vacaciones hemos reflexionado, venimos con las pilas cargadas y con ganas de que nos vaya mejor el siguiente año. Y para eso establecemos nuestros nuevos propósitos.

Pero también es muy habitual que estos nuevos propósitos se acaben ahogando en buenas intenciones que no se concretan en nada o que pasado un tiempo los acabemos abandonando.

Si esos nuevos propósitos son importantes para ti, queremos ayudarte a que los conviertas en logros. Ahí van nuestros consejos:
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Duelo en Navidad, enfrentando la silla vacía

Para las personas que están viviendo un duelo, las navidades se suelen temer mucho antes de que lleguen. A medida que se van acercando suelen generar malestar solo de pensar en enfrentarse a esa temida silla vacía. Se junta la pérdida, con el dolor propio, las relaciones familiares y el contexto festivo.

Un consejo que se suele dar para afrontar  un duelo en navidad y en familia, es convocar una reunión familiar previa para poder poner en común las necesidades de tod@s y maneras de satisfacerlas de una manera creativa sin hacerse daño mútuamente.

Pero hay muchas familias en las que esto no es posible.
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No puedo olvidar a mi ex. Cuando un final no acaba nada

Cuando una relación en la que teníamos puestas muchas expectativas se termina, no es fácil despedirse de ella. Como dice Fangoria, «un final no acaba nada» y tenemos la sensación de que no podemos superarlo ni olvidar a nuestr@ ex.

Habitualmente se trata de una relación por la que apostábamos aunque no funcionase o tuviese muchos problemas. Hemos invertido muchas energías en ella y tenemos la sensación de haber dado más y haber querido más que la otra persona.
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La culpabilidad es una mentirosa

La culpabilidad nos miente, nos hace creer cosas que no son ciertas. Nos hace creer que tenemos control sobre cosas que no controlamos. La sociedad nos dice a las mujeres que tenemos la culpa de casi todo y también miente. Nos dicen que tenemos la culpa de que nos violen, de que nos peguen, de que nuestr@s hij@s tengan ansiedad o sean miedos@s, de que sean un@s egoístas. Tenemos la culpa de que las empresas no produzcan lo suficiente, de las bajadas salariales, etc. Y con esa presión encima, hemos aprendido a culparnos de muchas cosas.
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¿Amor o idealización?

Hemos querido contraponer el concepto de amor al de idealización, porque nos parece muy propio de San Valentín, donde parece que si no tienes pareja te la tienes que inventar,  si la tienes y no te va bien parece que te tienes que alegrar, porque tener una mala relación de pareja es mejor que no tener relación,  y porque debajo de muchas relaciones insanas hay una confusión con estos dos conceptos.
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Una violencia de género menos evidente

El día 25 de noviembre es el día internacional contra la violencia de género. A menudo se identifica como violencia de género o violencia machista solo  a la que ocurre en el ámbito de la pareja (que es la única que recoge la ley integral de violencia de género del 2005).  Pero el hecho es que es un fenómeno mucho más grande. Las agresiones sexuales a mujeres son violencia de género,  que nos acosen sexualmente en el trabajo  es violencia machista, la mutilación genital femenina es violencia de género, la explotación sexual es violencia de género,  etc.

Una vez hecha esta aclaración, queremos centrarnos en la violencia de género dentro de la pareja, y a su vez, poner el foco en formas de violencia que pueden no ser tan evidentes, pero que forman parte del modus operandi de muchos maltratadores y no son tan publicitadas en las campañas de prevención, haciendo que cueste más detectarlas e identificarlas.
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